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El eucalipto (Eucalyptus globulus) es uno de los remedios caseros más extendidos contra la congestión nasal de los resfriados. Su aroma intenso, que proviene del compuesto cineol, es el protagonista del clásico ritual de las vaporizaciones que muchas familias latinoamericanas practican al primer estornudo de la temporada.

La preparación no requiere equipos especiales: hierva un litro de agua en una olla, retírela del fuego y agregue un puñado de hojas frescas de eucalipto (o unas gotas de aceite esencial de eucalipto). Coloque la olla sobre una mesa, cúbrase la cabeza con una toalla formando una tienda sobre la olla y respire el vapor por la nariz durante cinco a diez minutos, con cuidado de no acercarse demasiado para evitar quemaduras.

La inhalación del vapor ayuda a aflojar la mucosidad y produce una sensación de alivio inmediato en las vías respiratorias, un efecto que la tradición atribuye a los compuestos aromáticos del eucalipto. El ritual se repite una o dos veces al día mientras dure la congestión, siempre con el agua ya retirada del fuego y bajo supervisión cuando lo practican menores.

Es importante tomar precauciones: el aceite esencial de eucalipto está muy concentrado y no debe aplicarse directamente en la piel de niños pequeños ni ingerirse sin orientación profesional; los vapores tampoco se recomiendan en bebés. Si la congestión viene acompañada de fiebre alta, dolor de pecho o dificultad para respirar, consulte a un médico. Uso tradicional. No sustituye tratamiento médico.

*Fuentes:* uso tradicional recogido en la herbolaria latinoamericana; Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de EE. UU. (NCCIH) sobre el uso seguro de aceites esenciales.

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