La operación militar anunciada por el presidente Nayib Bukele para rescatar a los cuatro técnicos de aviación salvadoreños secuestrados en Haití se enfrenta a un escenario que sus propios impulsores describen como extremadamente difícil, una semana después de la emboscada que los hizo desaparecer. Bukele anunció la operación el miércoles 21 de octubre y exigió a los líderes de las pandillas que devolvieran a los cuatro hombres vivos y sin daño, con la advertencia de que, si no lo hacían, vendría una respuesta mucho más contundente. Según reportes, alrededor de un centenar de comandos de fuerzas especiales salvadoreñas llegaron a Haití al día siguiente y otros iban en camino. El ultimátum, sin embargo, fue rechazado en video por Wilson Joseph, alias Lanmò San Jou, líder de la pandilla 400 Mawozo, que mostró municiones y aseguró que no abandonaría su territorio. Ningún grupo ha reivindicado oficialmente el ataque, aunque medios locales también señalan a la pandilla Chen Mechan, y la zona de Santo, en Croix-des-Bouquets, es un territorio bajo control de pandillas. El embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Mike Waltz, dijo ante el Consejo de Seguridad que se cree que los cuatro sobrevivieron, pero que siguen desaparecidos, y no existe prueba de vida pública. La misión internacional en la que servían los técnicos cuenta con unos 2.000 efectivos frente a los 5.500 autorizados, y las pandillas controlan gran parte de Puerto Príncipe, en un país donde la violencia ha desplazado a entre 1,4 y 1,5 millones de personas. Un rescate en un terreno urbano denso, contra grupos que ya demostraron su capacidad para atacar vehículos blindados, conlleva un riesgo extremo para los cautivos. La etiqueta de pandillas satánicas que acompaña a algunos titulares sobre el caso no es una caracterización verificada de estos grupos y no se usa como hecho en este borrador.
Foto: SrA Mitchell Corley / Fuerza Aérea de EE. UU. (dominio público)
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