Francia vivió uno de los fines de semana más violentos de los últimos años: las protestas del sábado 17 de octubre contra el costo de vida y los recortes en servicios públicos, convocadas inicialmente por estudiantes, derivaron en saqueos y enfrentamientos con la policía en París, Marsella, Lyon, Lille, Burdeos y otras ciudades.
Según el Ministerio del Interior, entre 550.000 y 800.000 personas se manifestaron; unos 2.400 manifestantes fueron detenidos y cerca de 1.000 agentes resultaron heridos, siete de ellos de gravedad. En París, manifestantes encapuchados saquearon tiendas de lujo como Louis Vuitton, Hermès y Apple, además de las Galerías Lafayette; en el centro del país, el histórico ayuntamiento de Limoges fue incendiado y su techo colapsó.
En un mensaje televisado a la nación el domingo 18, el presidente Emmanuel Macron declaró: "Nada lo justifica, nada lo explica, nada lo excusa". El primer ministro Sébastien Lecornu anunció toques de queda "parciales" y "localizados" en varios centros urbanos, mientras que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instó este lunes a Francia a "cerrar las fronteras" ante los disturbios.




