La infusión de jengibre es uno de los remedios caseros más antiguos y extendidos del mundo: las abuelas lo preparan para la indigestión, los gases y las náuseas leves, y la ciencia ha encontrado motivos parciales para darles la razón.
La raíz contiene compuestos llamados gingeroles, a los que diversos estudios atribuyen efectos sobre la digestión y las náuseas. La evidencia disponible sugiere que puede ayudar en molestias leves, como la pesadez después de comer o el mareo ocasional, aunque no sustituye el tratamiento de una enfermedad diagnosticada.
Cómo se prepara
Se hierve una rodaja fina de raíz fresca en una taza de agua durante tres a cinco minutos, se cuela y se toma tibio, en pequeños sorbos. Si el sabor resulta muy picante al principio, se puede empezar con una rodaja más fina y aumentar la cantidad poco a poco.
Precauciones importantes: el jengibre puede irritar el estómago en personas con gastritis o úlceras activas, puede interactuar con medicamentos anticoagulantes y, en dosis altas o de uso habitual, las embarazadas deben consultarlo antes con su médico.
Advertencia: este remedio es un apoyo tradicional para molestias leves. Si las náuseas o el dolor persisten, se acompañan de fiebre, vómitos repetidos o pérdida de peso, consulte a un profesional de la salud; ninguna infusión sustituye una consulta médica.



