Categories: Cultura

Poética de lo viviente en la lírica de José Moya Pons

Por Bruno Rosario Candelier

Fuente: Boletín digital del Movimiento Interiorista del Ateneo Insular

A Kenia Mata Vega,

fulgor que envidian los rosales.

Es la generación aldeana en que crecimos. La que velaba la lluvia, el surco de promesas, plantíos, prevención y abasto”.

(José Moya Pons, Aguada de letras, p. 27).

El aura sagrada de la naturaleza

El poeta dominicano oriundo de La Vega, José Moya Pons, actualmente residente en los Estados Unidos de América, ha dado notaciones de poseer un brillante talento creador, como lo ha demostrado en sus creaciones poéticas. Nuevamente nos sorprende con el poemario Aguada de letras, en cuyo aliento lírico, estético y simbólico aflora el fulgor de lo viviente en el arte de la creación verbal.

La poesía es la imagen de lo que el corazón presiente, y el valor de lo que la conciencia intuye a la que el poeta le añade belleza y sentido mediante el arte de la creación verbal. De ahí que cada autor recibe un aliento que lo inspira, un tema que lo obsesiona y un estilo que lo identifica sensorial, conceptual, afectiva, imaginativa y espiritualmente. Desde luego, cada autor genera una impronta estética mediante el uso de las palabras, la aplicación de los recursos estéticos y de cuanto precisa para su creación,

La naturaleza de lo viviente es una emanación de lo divino y, en tal virtud, en sus diversas manifestaciones sensoriales hay ecos y señales de la trascendencia ya que se trata de una obra de la Divinidad. La huella sagrada del Padre de la Creación la percibe quien tiene sensibilidad espiritual y conciencia sutil en cuya virtud capta y valora lo viviente en su connotación profunda, razón por la cual siente una inclinación especial hacia la naturaleza y una singular vocación para la contemplación de lo viviente. De ahí el aura sagrada de la naturaleza reflejada en la realidad de lo viviente.

Igualmente, cada libro tiene su historia, y cada autor tiene sus vivencias a la luz de la realidad natural, social, histórica, antropológica y literaria. Eso significa, naturalmente, que un autor como José Moya Pons, que tiene una singular atracción por la naturaleza, que funda su creación en la sustancia de lo viviente y que hace de la tierra, el paisaje, los árboles, los montes y los mares la fuente de su inspiración, como se comprueba, nuevamente, en este segundo libro de su autoría, Aguada de letras, en el que se puede apreciar esa connotación lírica, estética, afectiva, simbólica y espiritual de su sensibilidad creadora, como lo manifiesta el poema titulado “Cantilena”:

Va a la mar mi viejo a sus aguas de anhelos

en noche clara de alta luna y retoño de luceros

Va en la mar

en su tronco de afanes lleno, labrado y rallado con desvelos por el color de los remos

En su cesta miel, cebo, café, hilo,

boga afilada, anzuelo y nubes de azul dormido

anudados con el color de los remos Cayuco y viejo al bracero van cantando largo:

“si no nos vemos en el muelle nos vemos en alta mar”. (José Moya Pons, Aguada de letras, p. 5).

En su primer poema titulado “Cantilena”, del poemario Aguada de letras del poeta José Moya Pons, el título refleja la temática que el autor aborda en sus versos, y cada verso tiene que ver con la vida en el mar, con la vida en la naturaleza, porque el autor es un enamorado de la tierra y un apasionado del mar, y en ese tenor despliega su talento creador, canaliza su sensibilidad estética y, obviamente, desata los anzuelos de su intelecto para captar el trasfondo de las señales que brotan de las aguas marinas y de los terruños silvestres, en una comunión entrañable del alma del poeta con el alma de lo viviente, que es justamente uno de los atributos sobresalientes del autor en esta obra poética. Se trata de un poemario con alto aliento a la luz de la naturaleza, inspirado en el gozoso sentir de lo viviente y en la magia supina de los mares y los montes y las flores y los árboles.

Decía el poeta español Garcilaso de la Vega que el “dolorido sentir” es el aliento inspirador de la creación poética, aludiendo a las manifestaciones de lo viviente cuando tocan nuestra sensibilidad. Yo enfatizo el “gozoso sentir” que experimentan quienes disfrutan del encanto de la Creación, cuando las cosas tocan la sensibilidad y apelan la conciencia para que, no solamente sintamos gozo y alegría ante lo viviente, sino para que también demos el testimonio del encanto del mundo. La naturaleza es realmente fascinante, inspiradora y concitadora, sobre todo cuando se hace cómplice de su aspecto idílico y bucólico. Eso lo sabe el poeta Moya Pons, como lo despliega en este poemario impregnado del fulgor de lo viviente, fraguado en la gema de lo sagrado e impregnado del fecundo susurro trascedente a través de las cosas que exaltan a su Creador. En el siguiente pasaje el poeta, situado ante el mar, dice que el protagonista llega hasta la honda la mar, es decir, se sitúa en plena estancia acuática y desde afuera ve a su viejo, y dice “aquí mi viejo vela, confiado”, y una particularidad de Moya Pons es usar voces del antiguo decir del legado verbal hispánico que heredamos de nuestros antepasados castellanos a través de lo que recibimos, en términos léxicos y expresivos de nuestro lenguaje, pues con razón dice “Y caceando el sedal”. Fíjense qué expresión tan antigua y elocuente usa nuestro poeta cuando pone sus ojos en la mar y cuando advierte que el mar es una expresión de lo divino:

Llegan a honda la mar a la cala abundante de jureles y corvinas

y al claro lienzo sin neblina

-alta luna está aluzando- Aquí mi viejo vela, confiado de media agua espera sueños, muerde tabaco legal

prepara y echa todos sus señuelos al elusivo haz de reflejos

y caceando el sedal

en íntima y velada reserva. Da al mar sus ojos y camino

y a Dios su corazón y latido.

(José Moya Pons, Aguada de letras, p. 7).

La tierra es también un paraíso

Los humanos, como los animales y las plantas, estamos instalados en el universo, y cada uno tiene un punto de contacto con las manifestaciones sensoriales de lo viviente y las emanaciones suprasensibles de la trascendencia. Ese es un dato singular al que nos habituamos y a menudo no nos damos cuenta del privilegio que tenemos, no solo por el hecho de estar instalados en un ambiente en que la naturaleza es pródiga y fecunda, sino porque además tenemos la conciencia para advertir ese singular privilegio, con la sensibilidad para sentir los fluidos de las cosas a través de los datos sensoriales, y la inteligencia para apreciar el sentido profundo que ocultan los mismos fenómenos naturales para nuestro conocimiento, usufructo y encanto, y eso es un legado valiosísimo que hemos recibido del Altísimo, el Creador del mundo, y tenemos el privilegio de estar situados en una naturaleza paradisíaca, ya que la tierra es un paraíso, un hermoso paraíso en el que a menudo no nos damos cuenta, como la tiene el poeta José Moya Pons al proclamar el encanto de lo viviente en este terruño paradisíaco a través de cuya lírica atiza nuestra sensibilidad para que disfrutemos el fulgor de nuestros valles y montes y mares,, como la tuvo san Francisco de Asís según proclamara en su Cántico de las criaturas, el himno a la creación del universo, oportuno recordatorio ya que a menudo ocurre que cuando el tiempo pasa es cuando nos damos cuenta de lo bueno que fue el encanto de algunas estancias y praderas, valles y montañas, ríos y veredas, pues como ha hecho el poeta Moya Pons al publicar esta creación lírica y estética, evocativa y exultante del encanto de la naturaleza a la luz de sus vivencias entrañables con plena consciencia del fulgor de lo viviente, del primor de la naturaleza y de las bondades de esta tierra, la nuestra, que ostenta una dimensión paradisíaca por la cual la evoca y recrea poéticamente según revelan sus luminosos versos, eco de su gozosa contemplación del mar que tanto le fascina, y de los cerros y plantíos que tanto exalta, y entonces con el talento creador de su sensibilidad estética y su elevada conceptuación de lo viviente evoca a su “viejo”, a su amado viejo como lo tuvimos todos, y entonces ubica al viejo en plena estancia marina y lo presenta echando las redes en el mar o contemplando el atardecer radiante, o disfrutando una puesta de sol o una noche estrellada, durante sus aventuras en el mar, y esa es la fascinación del poeta que se siente encantado en la naturaleza y así lo expresa, resaltando el encantamiento que experimenta su sensibilidad ante lo viviente con la satisfacción de quien tiene conciencia de lo que dice y de lo que vive, y así habla del aroma de sol, y de los retazos de las nubes, y de las aguas que nos bañan y de la frescura del aire, y de las dulces cayenas junto a las palmas en las que se regodea su viejo, y entonces el poeta, emocionado y feliz, canta:

Y con el aroma de sol que ya abrasa el borde

de los retazos de las nubes deja y olvida las sombras. De buenas aguas vendrá remando duro llegará

con frescura salada para escamar

y ante las dulces cayenas junto a las palmas

mi viejo alza su voz y entona “soy aquel zumbador de allá”. (José Moya Pons, Aguada de letras, p. 11).

El poeta experimenta una profunda emoción concitado por el encanto de lo viviente, y en un momento determinado arranca del Cibao hacia el Nordeste por los derroteros de Samaná, Sánchez, Las Terrenas y Las Galeras, ámbitos de singular hermosura en esa zona del Cibao occidental para internarse en el mar y disfrutar el regalo de la naturaleza que ofrece nuestro país, y, como emocionado creador de poesía, Moya Pons está consciente del talento con que vino al mundo y canta; canta emocionado lo que concita su sensibilidad; canta fascinado lo que entusiasma su conciencia; y canta arrebatado por lo que concita y exalta su interior, que es justamente el sentido cósmico de la naturaleza a la luz de lo viviente de montes y de valles, de los caminos y los mares, y de un modo especial las aguas del mar donde se interna para sentir el aletazo del misterio al fragor de sus aguas y sus crestas temblorosas, y, concitado por esos fluidos sensoriales y efluvios sutiles recrea lo que la naturaleza le proporciona, y, como los antiguos contemplativos griegos y los iluminados de las diversas corrientes místicas, se interna en lo viviente para sentir la huella del Creador desde el encanto del mundo, y para sentirse vivo canta con la conciencia de disfrutar el gozoso sentir de lo viviente a la luz de los rayos solares y de los efluvios marinos y de las creaturas que fluyen tanto en las aguas como en la tierra. Entonces el poeta sabe para qué existe, sabe por qué está en esta tierra, y sabe lo que es sentir y experimentar el encanto de la Creación al sentir la fascinación de una creatura adorable como la que alude en estos versos:

…y ahora vengo del norte con drizas y lonas nuevas arrumando letras de agua a las palabras viejas

la proa a nuestro mediodía a la ronda de sus flores a las valvas relucientes de sus arenas

y vengo con el viento que apunta hacia el sol de los encuentros

y a los ríos de hojas de cercanía fluyendo entre renuevos.

(José Moya Pons, Aguada de letras, p. 17).

Dije que nuestra tierra es un paraíso, y no solo lo siento yo, pues también lo siente nuestro admirado poeta José Moya Pons como lo revela al escribir esta hermosa creación, Aguada de letras, obra en la que el autor despliega las antenas de su sensibilidad física para captar las manifestaciones de lo viviente, y las antenas de su conciencia sutil para captar efluvios invisibles de las irradiaciones estelares que fluyen a través de lo viviente. El poeta vegano es un enamorado de la tierra, y así lo reflejan estos versos; un enamorado del mar, y así lo reflejan estas estrofas; un enamorado de nuestro país, y por eso su poemario es un canto a la belleza de esta tierra hermosa que nos vio nacer, a la belleza de cuanto adorna la sustancia de lo viviente para que disfrutemos el hecho de vivir y de sentir y de valorar la presencia de lo divino subyacente en las cosas, en creaturas y elementos, en flores y átomos y en todo cuanto existe ya que todo es una emanación de la Divinidad, por lo cual el poeta habla de “colinas hendidas” y del “silencio torrencial de las bromelias”, como se puede apreciar en estos versos de “Vuelta al agua”:

Y colinas hendidas por aguadas que traen en su umbrosa frescura olorosa a sosiego

humedad que baña la cara y sobrecoge el corazón,

y en el silencio torrencial de las bromelias hay ojos desconfiados de perdices

y miradas sospechosas de ranas empapados de transparentes rumores que corren por entre las piedras.

(José Moya Pons, Aguada de letras, p. 19).

Los antiguos pensadores presocráticos, además de científicos, eran contemplativos y poetas, y, al fijarse en la naturaleza, valoraban la presencia de lo viviente y la fuerza de los elementos que consignaron en la tierra, el agua, el aire y el fuego, y desde siempre los humanos hemos sentido el aliento, la presencia y la significación de los elementos de la naturaleza sin los cuales no podemos vivir. Pero, además de los nutrientes que nos sirven de sustentación en nuestros alimentos, las fuerzas de la naturaleza generan también el encanto placentero de lo viviente en una puesta de sol, en una mañana de lluvia, en una noche de luna redonda y roja, en una chorrera de agua o en cualquier brote de la creación, como lo siente nuestro poeta José Moya Pons en este hermoso poemario que canta a la naturaleza, que exalta el agua de los ríos y los mares, que se extasía ante el fulgor de lo viviente como un moderno contemplativo o como un genuino poeta de lo viviente hace de la contemplación la fuente de su inspiración.

Estos poemas no son inventos de la imaginación, sino testimonios de la sensorialidad del creador que hizo acopio de sus vivencias entrañables en plena naturaleza, y sacó tiempo y espacio para contemplar y evocar el encanto de lo viviente en suntuosas noches estrelladas, en luminosas tardes silenciosas, durante refrescantes estaciones junto al mar, en alguna altiva montaña o ante el cauce de unos fluyentes riachuelos o ante el verdor de unos sembradíos florecientes, y canta, canta emocionado lo que concita su sensibilidad; canta fascinado lo que alumbra su conciencia a la luz de lo viviente, una manera de exaltar la naturaleza, una forma de tributar al Padre de la Creación, como se puede apreciar en estos versos:

Agua de manantiales en racimos brotando con inundación pura agua alborozada

que rueda en las cascadas rutilantes

de la floresta encantada que se ofrece sin pausas agua, trozos de agua, montones de agua desde las lomas

cubriendo leguas de fulgentes espumas y montes vivos de todo verde derramado.

(José Moya Pons, Aguada de letras, p. 23).

El arte de la creación poética tiene su peculiar modo de organización. Formaliza en versos y estrofas el caudal de sus expresiones, eco de intuiciones y vivencias, y eso lo sabe José Moya Pons en su fino instinto creador. Con el lenguaje indirecto de epítetos, comparaciones, metáforas y símbolos, el fino olfato del poeta vegano ha revivido sus vivencias en la naturaleza paradisíaca de nuestro país para hacer de ellas la fuente de sus intuiciones e inspiraciones, como lo revelan su peculiar lenguaje y sus figuraciones literarias, conforme los siguientes ejemplos:

Voces patrimoniales: Viejas voces del legado patrimonial del castellano antiguo que heredamos de los primeros descubridores castellanos: jundo, cacear, rebujo, leguas, drizas, arrumar, valvas, aguadas, umbrosa...

Refrescantes adjetivos y epítetos: “Cascadas rutilantes”, “fulgentes espumas”, “azul dormido”, “tabaco legal”, “umbrosa frescura”, “agua alborozada”. Metáforas inspiradas en lo viviente: “En el silencio torrencial de las bromelias”, “tronco de afanes lleno”, “rallado con desvelos”, “el claro lienzo sin neblina”, “alta luna, farola de las arenas”, “al humo de la ventura”, “arrumando letras de agua”.

Las ilustraciones citadas concitan la valoración estética de la lírica de José Moya Pons cuyos ejemplos enaltecen el cultivo del arte de la creación poética, que lo preside una gozosa entonación y un entusiasmo contagioso de su fecundo talento creador.

Bruno Rosario Candelier

Santuario estético del Interiorismo Moca, R. Dom., 23 de marzo de 2024.


Reducida_Bruno_Rosario_Candelier_director_Academia_Dominicana_de_la_Lengua

lanitidez

Recent Posts

Congresista Adriano Espaillat entrega $3.1 millones de dólares en fondos federales al Instituto de Estudios Dominicanos de CUNY

NUEVA YORK. – El congresista Adriano Espaillat entregó $3.1 millones de dólares en fondos federales…

2 semanas ago

Arsenio Devares anuncia respaldo a Carolina Mejía

Por Jhonny Trinidad NUEVA YORK.- El aspirante a la presidencia del Partido Revolucionario Moderno (PRM)…

2 semanas ago

Sindicatos respaldan masivamente reelección del congresista Adriano Espaillat

NUEVA YORK. – El congresista Adriano Espaillat recibió el respaldo de un amplio número de sindicatos…

2 semanas ago

Aquino alerta sobre amenazas al periodismo

El doctor Fernando Aquino analizó en Nueva York los principales desafíos del periodismo en la…

3 semanas ago

EEUU enviará 3.000 soldados de la 82ª División al Golfo

Estados Unidos estudia enviar 3.000 soldados de la 82ª División Aerotransportada al Golfo Pérsico. La…

3 semanas ago

Mueren dos pilotos en choque de avión en La Guardia

Accidente en LaGuardia deja dos pilotos muertos y decenas de heridos. Autoridades federales investigan el…

4 semanas ago