El romero (Salvia rosmarinus) es una de esas plantas que nunca faltan en la cocina ni en la botica de la abuela. Desde Hamlet, donde Ofelia dice "aquí traigo romero, que es bueno para la memoria", la cultura popular le atribuye virtudes para la mente, y en los últimos años la ciencia empezó a mirar ese uso tradicional con interés.
Investigadores de la Universidad de Northumbria, en el Reino Unido, estudiaron el 1,8-cineol, uno de los componentes del romero, y encontraron que su presencia en sangre se asociaba con un mejor rendimiento cognitivo, concretamente en la velocidad y la precisión de las respuestas. El compuesto se absorbería por la vía nasal y pulmonar, atravesaría la barrera hematoencefálica e inhibiría la enzima que degrada la acetilcolina, un neurotransmisor clave para aprender, memorizar y concentrarnos.
La evidencia, sin embargo, tiene matices que conviene conocer. Un estudio de 2018 mostró que una dosis baja de romero (750 miligramos) mejoraba la velocidad de la memoria en personas mayores, mientras que una dosis alta (6.000 miligramos) la perjudicaba: más no es mejor. La mayoría de los ensayos son aún limitados, por lo que el té debe disfrutarse como una infusión tradicional, no como un tratamiento médico.
Cómo prepararlo: use 1 a 2 cucharaditas de hoja seca de romero (unos 4 gramos) en 150 mililitros de agua caliente y deje reposar de 10 a 15 minutos para extraer bien sus compuestos fenólicos. Cuele y endulce con un poco de miel o limón si lo desea. Se recomienda una taza al día, preferiblemente por la mañana, ya que puede resultar estimulante.
Precauciones: no es recomendable en dosis altas durante el embarazo, pues podría estimular las contracciones uterinas, y puede interactuar con anticoagulantes como la warfarina. Uso tradicional. No sustituye tratamiento médico. Consulte a su profesional de salud ante cualquier condición.
Fuentes: Universidad de Northumbria; OpenIU; Infobae Tendencias.



