Una taza de té de manzanilla antes de acostarse es uno de los rituales caseros más extendidos para conciliar el sueño. La planta, de la familia de las asteráceas, contiene compuestos como la apigenina, un flavonoide al que se atribuye un efecto sedante suave, y su infusión no contiene cafeína, lo que la convierte en una opción frecuente para la noche.
¿Qué dice la evidencia? Un metaanálisis publicado en Phytotherapy Research en 2019 encontró que la manzanilla mejoró de forma significativa la calidad del sueño, aunque la evidencia para tratar el insomnio como tal es más limitada. Otro metaanálisis de 2024, con diez ensayos clínicos, halló una mejora modesta en la calidad del sueño medida con el índice PSQI y en el número de despertares nocturnos, pero sin cambios en la duración total del sueño.
El Manual MSD, referencia médica de consulta, es prudente: señala que los datos científicos que apoyan los usos de la manzanilla son débiles, aunque algunos muestran un ligero efecto en la mejora de la calidad del sueño y un posible alivio de la ansiedad y la depresión. En ningún caso debe considerarse un tratamiento ansiolítico ni sustituir la valoración profesional.
Para aprovecharla como parte de la rutina nocturna, las recomendaciones habituales son tomarla entre 30 y 60 minutos antes de acostarse, templada y sin azúcar, en un ambiente con poca luz y lejos de pantallas. Ese ritual de pausa, en sí mismo, ayuda a bajar el ritmo del final del día.
En cuanto a la seguridad, la manzanilla se considera en general inocua, pero las personas alérgicas a plantas de su misma familia —como la ambrosía, los crisantemos o las margaritas— deben evitarla. También puede interactuar con anticoagulantes y sedantes, por lo que quien los toma, o está embarazada, debería consultarlo antes con su médico.

