Washington, D.C. – El 9 de septiembre de 2025, Israel lanzó un ataque aéreo sin precedentes en Doha, Qatar, dirigido a líderes senior de Hamás, marcando el primer ataque de este tipo contra el estado del Golfo.

El ataque, confirmado por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu como una "operación completamente independiente de Israel", dejó al menos seis muertos, incluyendo al hijo de un negociador de Hamás, aunque Hamás afirma que su liderazgo sobrevivió.

Este audaz movimiento ha desatado indignación internacional y tensado las relaciones diplomáticas, especialmente con Estados Unidos, dado el estatus de Qatar como un aliado importante fuera de la OTAN y anfitrión de la base aérea de Al Udeid.

La respuesta de Estados Unidos ha incluido una rara crítica pública por parte del presidente Donald Trump. El 10 de septiembre de 2025, Trump expresó su descontento, afirmando que estaba "muy infeliz" y "muy afectado" por la ubicación del ataque en Qatar, un mediador clave en las negociaciones de alto el fuego entre Israel y Hamás.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, respaldó este sentimiento, señalando que "bombardear unilateralmente dentro de Qatar, una nación soberana y aliado cercano de Estados Unidos, no avanza los objetivos de Israel ni de América".

A pesar de reconocer que el objetivo de eliminar a Hamás es "digno", la administración enfatizó su fuerte alianza con Qatar, que ha sido crucial en las negociaciones de paz.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar condenó el ataque como una "cobarde" violación del derecho internacional, con el emir describiéndolo como un "comportamiento criminal temerario". El ataque ha sumido las negociaciones de tregua en Gaza en el caos, y la Casa Blanca añadió que "no avanza los objetivos de Israel ni de América".

Otras potencias globales, incluyendo las Naciones Unidas, Arabia Saudita y naciones europeas, también han criticado el asalto, destacando su impacto en la estabilidad regional y la soberanía de Qatar.

El incidente ha expuesto tensiones en las relaciones entre EE. UU. e Israel, con Trump indicando que hará más declaraciones al respecto. Mientras tanto, las implicaciones del ataque para la futura diplomacia y la presencia militar de EE. UU. en Qatar siguen siendo inciertas, planteando preguntas sobre el equilibrio de influencia en Oriente Medio.


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