Durante los años más tensos de la Guerra Fría, John F. Kennedy adoptó una postura firme frente a la expansión nuclear global. Uno de los episodios menos conocidos, pero altamente relevantes, fue su presión directa para frenar o al menos supervisar el desarrollo de armas nucleares en Israel, particularmente en la planta de Dimona.
El tema no solo reflejaba una preocupación bilateral, sino una estrategia global de no proliferación que buscaba evitar que más países se sumaran al club nuclear.
Dimona: el reactor que encendió las alarmas en Washington
El punto de conflicto fue el reactor nuclear de Dimona, cuya construcción comenzó a finales de los años 50 con ayuda francesa.
Informes de inteligencia de Estados Unidos ya en 1960 sugerían que el proyecto tenía capacidad para producir plutonio, un elemento clave para fabricar bombas nucleares. Aunque Israel aseguraba que se trataba de un programa pacífico, la administración Kennedy no quedó convencida.
Este escepticismo llevó a una serie de contactos diplomáticos de alto nivel.
Presión directa sobre Ben-Gurion
En 1961, Kennedy se reunió con el entonces primer ministro israelí David Ben-Gurion. Durante ese encuentro, el presidente estadounidense dejó clara su preocupación por la falta de transparencia del programa nuclear.
Kennedy insistió en inspecciones internacionales para verificar que el reactor no tuviera fines militares. Sin embargo, Israel mantuvo una política de ambigüedad estratégica, ofreciendo cooperación limitada sin ceder completamente a las demandas estadounidenses.
Cartas firmes y advertencias diplomáticas
La presión aumentó en 1963, cuando Kennedy envió comunicaciones directas al sucesor de Ben-Gurion, Levi Eshkol.
En estas cartas, el presidente estadounidense advirtió que la relación bilateral podría verse afectada si no se permitían inspecciones regulares en Dimona. Este lenguaje marcó uno de los momentos más tensos en la relación entre ambos países.
A pesar de ello, Israel permitió visitas limitadas, cuidadosamente controladas, que no lograron disipar completamente las dudas de Washington.
La política de no proliferación de Kennedy
La postura de Kennedy frente a Israel no fue un caso aislado. Formaba parte de una política más amplia para contener la expansión nuclear en el mundo.
Tras la crisis de los misiles en Cuba en 1962, el riesgo de guerra nuclear se convirtió en una preocupación central para su administración. Kennedy temía que la proliferación en regiones inestables, como Medio Oriente, pudiera desencadenar conflictos de escala global.
Un legado inconcluso
El asesinato de Kennedy en noviembre de 1963 dejó inconclusa su estrategia. Años más tarde, bajo la administración de Richard Nixon, Estados Unidos adoptó una política más ambigua respecto al programa nuclear israelí.
Con el tiempo, Israel desarrolló lo que se considera un arsenal nuclear no declarado, manteniendo hasta hoy una política de ambigüedad.
Conclusión: entre la diplomacia y la geopolítica
El intento de John F. Kennedy por frenar el programa nuclear israelí revela una tensión persistente entre principios globales y realidades estratégicas.
Aunque no logró detener el desarrollo nuclear de Israel, su enfoque sentó precedentes en la política de no proliferación. Su caso demuestra que, incluso en alianzas estrechas, Estados Unidos ha estado dispuesto a ejercer presión cuando percibe riesgos existenciales para la seguridad global.